sábado, 15 de febrero de 2014

¿Qué tipo de padres somos?




¿Qué tipo de padres somos?

En un contexto donde es habitual el bajo rendimiento en los Centros de enseñanza obligatoria, quizás lo primero que debamos hacer a la vista de los resultados académicos de nuestros hijos, es preguntarnos qué tipo de padres somos. ¿Si todos los padres reaccionamos de la misma forma ante los resultados de nuestros hijos/as?, ¿si adoptamos las mismas actitudes o no?, ¿por qué respondemos de maneras distintas?, etc.
Si realizamos esta reflexión es probable que coincidamos en que hay al menos siete perfiles de padres, teniendo en cuenta los resultados que obtienen nuestros hijos/as (aprueban o suspenden) y a quién o quiénes “responsabilizamos” de ello:
  1.  Si mi hijo/a aprueba puedo pensar que los otros muchachos/as no se han esforzado suficentemente o no tienen las actitudes o aptitudes adecuadas; y, por tanto, el problema es suyo y solamente suyo. A mí solo me preocupa mi hijo/a, el resto de la sociedad me da igual. Los malos resultados de los demás solo pueden contribuir a desprestigiar al Centro, a cuestionar la calidad de su profesorado, y en ese sentido los resultados de mi hijo/a. La presencia de “malos estudiantes” en el Centro solo contribuye a dificultar el trabajo de los profesores, que bastante hacen con tener que “lidiar” con ellos.
  2. Si mi hijo/a aprueba y suspenden la mayoría, puedo pensar que además de tener un hijo/a muy inteligente y trabajador, está en un Centro de gran prestigio por su grado de exigencia, lo que implicaría también una alta calidad de su profesorado. Estaría a favor, de un sistema educativo que separe a los muchachos/a más “capaces” (destinados a ocupar los mejores puestos dentro de nuestra sociedad), de aquellos otros que no muestran tener esas capacidades, y por tanto habrán de ocupar posiciones subalternas en esta sociedad.
  3. Si mi hijo/a aprueba puedo mostrarme preocupado porque quizás el entorno, la motivación y el ambiente del Centro no sean los más adecuados para que le siga yendo bien o pueda mejorar sus resultados, dado que las probabilidades de que en la próxima evaluación pueda suspender son mayores que cuando lo habitual es aprobar y no suspender, estar rodeado de compañeros motivados que desmotivados, etc. Además puedo pensar que mi hijo/a será más feliz si conseguimos entre todos una sociedad más formada, educada, justa, etc.
  4. Si mi hijo/a suspende puedo pensar que entra dentro de la normalidad, y no he de preocuparme. Puedo pensar, incluso, que la “educación” no es algo tan importante en esta vida, y que si a mi hijo/a no le gusta esto del “estudio” es mejor que lo deje lo antes que pueda. Mi visión de la sociedad es que genéticamente y socialmente estamos predestinados para ocupar un puesto en esta sociedad y que no podemos ni debemos hacer nada por cambiarlo, y que por tanto la “educación” no es algo que pueda contribuir a mejorar mi situación dentro de esta sociedad.
  5. Si mi hijo/a suspende puedo pensar que es un/a vago/a, y por tanto una vergüenza para la familia. Y haré recaer toda la responsabilidad del suspenso sobre él/ella, los profesores no tienen ninguna culpa. Le castigaré por ello, y ante las otras familias y amistades intentaré ocultar o minimizar los resultados. Mi actitud, en el fondo sería muy parecida a la de la opción “1 o 2″.
  6. Si mi hijo/a suspende puedo pensar que quizás no sea un problema de mi hijo/a (o no solo de el/ella), ya que no puede ser que lo normal sea suspender y lo excepcional aprobar en un sistema educativo obligatorio pensado para que todos los estudiantes alcancen unos mínimos conocimientos, actitudes, competencias, valores, etc que contribuyan a cohesionar nuestra sociedad y hacer que la misma sea más prospera. Reconoceré las dificultades que tiene mi hijo/a para aprobar en un contexto (social, educativo, profesional, etc.) como este, y por tanto no haré recaer toda la responsabilidad sobre el/ella, y procuraré en la medida de mis posibilidades contribuir a mejorar su entorno, en sintonía con los padres de la opción “3″, porque sé que el éxito de mi hijo y de nuestra sociedad depende de todos, y no solo de esfuerzo que él de manera individual y solitaria pueda realizar.
  7. Si mi hijo/a suspende y son una minoría los que aprueban, puedo pensar que el Centro tiene serios problemas de funcionamiento y que su profesorado muestra falta de profesionalidad o unas bajas competencias profesionales, ya que se muestra incapaz de lograr que la mayoría de sus estudiantes alcance los objetivos mínimos establecidos en la educación obligatoria. En ese sentido, puedo pensar también que la Administración debería de intervenir de oficio, y sancionar a aquellos profesores que no logren mejorar sus resultados, y/o introducir las oportunas medidas y reformas estructurales para incrementar la eficacia del sistema.
Parece obvio, que no todos los padres pensamos que sea necesario mejorar e incluso transformar el sistema educativo. Esto, sin duda, dificulta los cambios dentro del mismo, y que los resultados académicos de nuestros hijos mejoren.

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